Archivo de diciembre de 2011

A un mendigo


Pesa tu mirada triste,
y tus pasos al andar,
¿como es que tù ancianito,
comenzaste a mendigar?

¿Fuè muy triste tu niñez?
¡ò còmo fuè tu juventud!
para merecer viejito,
que no tengas ni salud.

Con tus ropas harapientas,
pidiendo un poco de pan,
viviendo de las limosnas,
que las personas te dan.

Sentado en la banqueta,
miras la gente pasar,
con tu mirada triste y fija,
nadie sabe tu pesar.

¿Eras un niño alegre?
¿Eras un joven soñador?
¡dime por favor mendigo!
¿conociste el amor?

Arrastrando lento, llevas,
los pies en tu caminar,
la ropa malolienta tienes,
de tanto, tanto vagar.

¿Serà que tu voz es dulce?
¿o serà que no tienes voz?
¿serà que amas la vida?
¿serà que crees en Dios?

Mendigo que un buen dìa,
no puedan ya mirarte,
¡aunque no creas mendigo,
muchos habràn de extrañarte!

Cuando cansado de andar te sientas,
y nunca quieras ya levantarte,
ten por seguro mendigo,
que tu nombre habràn de preguntarse.

Crèeme señor de mirada triste,
con las ropas harapientas,
la gente preguntarà por tì,
¡al no verte en las banquetas!

Autor : Anónimo | País : Desconocido

Corrida de toros

Corrida de toros

De sombra, sol y muerte, volandera
Grana zumbando, el ruedo gira herido
Por un clarín de sangre azul torera.

Abanicos de aplausos, en bandadas,
Descienden, giradores, del tendido,
La ronda a coronar de los espadas.

Se hace añicos el aire, y violento,
Un mar por media luna gris mandado
Prende fuego a un farol que apaga el viento.

¡Buen caballito de los toros, vuela,
Sin más jinete de oro y plata, al prado
De tu gloria de azúcar y canela!

Cinco picas al monte, y cinco olas
Sus lomos empinados convirtiendo
En verbena de sangre y banderolas.

Carrusel de claveles y mantillas
De luna macarena y sol, bebiendo,
De naranja y limón, las banderillas.

Blonda negra, partida por dos bandas,
De amor injerto en oro la cintura,
Presidenta del cielo y las barandas,

Rosa en el palco de la muerte aún viva,
Libre y por fuera sanguinaria y dura,
Pero de corza el corazón, cautiva.

Brindis, cristiana mora, a ti, volando,
Cuervo mudo y sin ojos, la montera
Del áureo espada que en el sol lidiando

Y en la sombra, vendido, de puntillas,
Da su junco a la media luna fiera,
Y a la muerte su gracia, de rodillas.

Veloz, rayo de plata en campo de oro
Nacido de la arena y suspendido,
Por un estambre, de la gloria, al toro,

Mar sangriento de picas coronado,
En Dolorosa grana convertido,
Centrar el ruedo manda, traspasado.

Feria de cascabel y percalina,
Muerta la media luna gladiadora,
De limón y naranja, remolina

De la muerte, girando, y los toreros,
Bajo una alegoría voladora
De palmas, abanicos y sombreros.

Rafael Alberti Merello

A Federico García Lorca

Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
En largo ciervo de agua convertido,
Hacia el mar de las albas claridades,
Del martín-pescador mecido nido;

Que yo saldré a esperarte, amortecido,
Hecho junco, a las altas soledades,
Herido por el aire y requerido
Por tu voz, sola entre las tempestades.

Deja que escriba, débil junco frío,
Mi nombre en esas aguas corredoras,
Que el viento llama, solitario, río.

Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
Vuélvete a tus montañas trepadoras,
Ciervo de espuma, rey del monterío.

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A galopar

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
Las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
Jinete del pueblo,
Al sol y a la luna.

¡A galopar,
A galopar,
Hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
Las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
Caballo cuatralbo,
Caballo de espuma.

¡A galopar,
A galopar,
Hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
Que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
Jinete del pueblo,
Que la tierra es tuya.

¡A galopar,
A galopar,
Hasta enterrarlos en el mar!

A orillas del Duero


.
Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor -romero, tomillo, salvia, espliego-.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego
Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
-harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra-,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria. -Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana-.
.
Veía el horizonte cerrado por colinas
oscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba, rumia; las márgenes de río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! -carros, jinetes y arrieros-
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero. -El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla- ¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
.
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.
.
La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día
cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.
.
Filósofos nutridos con sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y si les llega en sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar: ¿qué pasa?
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
.
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
.
El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana
-ya irán a su rosario las enlutadas viejas-
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas:
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
de nuevo ¡tan curiosas!… Los campos se oscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.

Pablo Neruda – Aqui te Amo

En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.